El influyente medio inglés The Guardian publicó este viernes una columna de opinión en la que exhorta a Londres a retomar las negociaciones por la soberanía de las Islas Malvinas, en referencia a la exhibición de una bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» por parte del equipo argentino al finalizar el partido de semifinales del Mundial.

Simon Jenkins, columnista de The Guardian y colaborador de la BBC, sostuvo que los kelpers «tarde o temprano se integrarán al continente» y anticipó que en algún momento un futuro gobierno británico «tendrá el valor de retomar las negociaciones».
Tras la épica remontada en siete minutos, el equipo de la Selección argentina celebró junto a la hinchada, en un momento en que Giovani Lo Celso, Lisandro Martínez y otros jugadores desplegaron una bandera con la frase «Las Malvinas son argentinas». Las imágenes rápidamente circularon por todo el mundo y ocuparon las portadas de medios internacionales.
Dos días después, Simon Jenkins publicó en la sección Opinión un texto titulado “‘¿Las Malvinas son argentinas?’ No exactamente, pero las Malvinas no pueden seguir siendo británicas para siempre”. En su columna, abordó la disputa territorial entre ambos países tomando como punto de partida la exhibición de la bandera en el estadio de Atlanta.
Jenkins planteó: «¿Es demasiado pedir que surja una negociación similar tras la semifinal de anoche, una aplastante derrota de Inglaterra a manos de Argentina, después de la cual el tema de las Malvinas resurgió con fuerza en forma de pancarta en el campo? ¿Acaso nada bueno puede seguir al generoso abrazo de Lionel Messi y Harry Kane?” Instó a llevar a la diplomacia ese gesto de deportividad entre las figuras de ambos equipos.
El columnista argumentó que «ninguno de los territorios de la época imperial británica tiene derecho eterno a permanecer como está, y mucho menos uno que le cuesta a los contribuyentes británicos más de 60 millones de libras al año en gastos de defensa». Señaló que el estatus de las Malvinas como territorio de ultramar ha sido defendido con firmeza por sucesivos gobiernos británicos.
Jenkins comparó la situación con la de Hong Kong y otros territorios, y sostuvo que la diferencia radica en que los isleños, a diferencia de los hongkoneses o los habitantes de Diego García, «eran británicos blancos». Además, recordó los avances diplomáticos previos a 1982, antes del estallido de la guerra por el archipiélago.
Aunque criticó la rigidez de Reino Unido respecto a esta remota posesión geográfica, reconoció que antes del conflicto existían negociaciones alentadoras. Subrayó que «fue una auténtica barbaridad que el ejército argentino invadiera las Malvinas en 1982, mientras sus ministros negociaban con los británicos en Nueva York», y que ese hecho provocó el fracaso de las conversaciones. Sin embargo, destacó que Estados Unidos y Perú continuaron buscando un acuerdo antes del desembarco británico en el Atlántico Sur.
Finalmente, Jenkins afirmó que la guerra de 1982 no justificó la suspensión total durante más de 40 años del debate sobre la soberanía de las islas por parte de Gran Bretaña, y cuestionó que el referéndum de 2013 se haya considerado el cierre definitivo del tema. Aseguró que estas colonias «tarde o temprano, inevitablemente se integrarán a sus continentes» y que «no pueden estar protegidas indefinidamente por un protector europeo, y las reivindicaciones de Argentina no van a desaparecer».
Concluyó señalando que, en algún momento, un gobierno británico «tendrá el valor de reanudar las negociaciones», mientras que por ahora el Ministerio de Asuntos Exteriores y el de Defensa solo postergan la resolución del conflicto.
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